Cambio climático y migración

ANA MARÍA ARAGONÉS

La migración es un fenómeno que se hace cada vez más complejo y desde hace unos años los especialistas en cambio climático están afirmando que éste es un elemento más que afecta a los desplazamientos humanos. Por lo tanto la pregunta a responder es ¿de qué forma el cambio climático afecta los patrones migratorios?.

Un primer problema que algunos investigadores han señalado es la dificultad de encontrar la causalidad entre cuestiones socioeconómicas y demográficas y las que derivan del cambio climático y las posiciones son bastante encontradas. Por un lado aquellos que no consideran en absoluto el cambio climático como posible causa del fenómeno migratorio, o bien otros que se inclinan por darle un peso único al fenómeno del cambio climático en la migración.

Lo primero que llama la atención es que los especialistas han afirmado que la mayoría de la migración ocurrirá principalmente en los países subdesarrollados por ser éstos los que se ven más afectados por el cambio climático, y los migrantes medioambientales proceden de las zonas rurales de los países menos desarrollados. ¿Cómo explicar esta situación? ¿Qué variables marcan la diferencia entre unos países y otros en un escenario de cambio climático? ¿Puede la pobreza ser un factor definitivo que explique esta vulnerabilidad? ¿Qué papel juega el cambio climático con la migración? ¿Por qué si el cambio climático es mundial, que afecta a todos los países, sin embargo los efectos son tan distintos?

Se señala que 95 por ciento de las muertes por desastres naturales en 1998 se produjeron en los países en desarrollo, y ciertos fenómenos naturales han sido devastadores para su nivel de vida y posibilidades de desarrollo, en tanto que las consecuencias de esos mismos cambios climáticos para la población en los países desarrollados son marginales. En este sentido parece que el papel del Estado o su omisión es clave para esta situación pues como se ha señalado una de las principales causas de la profunda vulnerabilidad frente a los fenómenos naturales se deriva justamente de la ineficiencia de las políticas públicas, y de la debilidad del sistema democrático.

No hay duda de que el cambio climático existe y que la devastación que pueden producir este tipo de eventos son muy graves, pero la magnitud de los daños se incrementa en forma extraordinaria cuando no hay la atención debida a esos procesos naturales y no se toman las previsiones para disminuir. Los daños pueden mitigarse si se le diera al cambio climático el papel que merece en las nuevas condiciones.

Iván Restrepo señaló que la incompetencia oficial es impresionante, las pérdidas crecientes en la economía y la infraestructura pública muestra que se siguen ignorando las causas verdaderas de los desastres naturales: deforestación, azolve de cuencas hidrográficas, nula planeación urbana y rural, pobreza, obre pública mal hecha, corrupción, descoordinación institucional, y de esto no tiene la culpa la naturaleza, señala el experto (La Jornada).

Hay otros procesos ambientales que se refieren a eventos graduales que producen sequías, desertificación, escasez del agua y la inseguridad alimentaria, por lo que responderían a un deterioro gradual de los medios de vida y la posibilidad se sustentabilidad. En este sentido, el cambio climático ante fenómenos tales como la desertificación genera problemas graves con la producción agrícola y por lo tanto con la seguridad y autosuficiencia alimentaria lo que sería una causal de migración vinculada al fenómeno de cambio climático.

De acuerdo con Juan Manuel Torres Rojo, director de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), alrededor de 400 mil mexicanos emigran cada año del campo debido a la desertificación ya que la improductividad de las tierras ocasiona desnutrición, desempleo y miseria. Según este funcionario actualmente seis de cada 10 hectáreas tiene algún grado de degradación que puede ir de leve a extrema. Por otro lado, advirtió, el país afronta las consecuencias de la desertificación ya que la sequía y la escasez de agua cubren extensiones preocupantes debido a la sobrexplotación de los acuíferos.

Desde los inicios de 1990 algunos expertos han considerado la migración como resultado del decrecimiento de la producción agrícola, disposición del agua y los daños físicos a la infraestructura. Si bien aquí estaríamos hablando de factores relacionados con el cambio climático y que dan lugar a migración relacionada con la falta de alimentación, no se puede dejar de lado que además, nos encontramos con decisiones de política económica de los gobiernos cuya consecuencia es justamente problemas en relación con la producción agrícola. El caso de México es sumamente grave pues a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio los apoyos a la agricultura se redujeron a la mitad y México pasó a ser importador agroalimentario neto, según estudios de la OCDE.

En 2012 los subsidios a la agricultura se incrementaron a nivel mundial, pero en México bajaron de 12.8 a 12.3 por ciento respecto de sus ingresos agrícolas y se situó en el noveno sitio entre los países que menos apoyos otorgan a sus agricultores y campesinos. En contraste Noruega, Suiza, Japón y Corea aplicaron entre 53 y 63 por ciento de sus ingresos agrícolas en apoyos al sector. Desde que el país liberalizó sus políticas agrícolas con la firma del TLC, el subsidio al maíz, su principal alimento básico fue reducido sustancialmente al pasar de 43 a 7 por ciento en el periodo mencionado. Algunos de los más importantes incrementos en los subsidios o ayudas agrícolas se han producido en los países que han enfocado su política en la autosuficiencia alimentaria… El acceso a los alimentos mejoraría con mayor eficacia la reducción de la pobreza y el desarrollo de redes de seguridad” (La Jornada).

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