Migración, xenofobia y racismo

Editorial, La Jornada, 15 de octubre de 2013

Tras los disturbios protagonizados el domingo pasado por xenófobos rusos en Moscú, la policía se hizo eco de los reclamos contra los inmigrantes, y emprendió una redada sin precedente en esa capital y detuvo a unos mil 200 extranjeros indocumentados.

Como se recordará, hace dos días una muchedumbre asaltó e incendió un mercado en el barrio moscovita de Biriuliovo, donde laboran muchos ciudadanos de ex repúblicas soviéticas caucasianas, en reacción al asesinato de un joven ruso por un hombre no identificado que, según un testigo del crimen, hablaba con acento del Cáucaso.

El hecho disparó una oleada de xenofobia alimentada en buena parte por los políticos que se disputaron el mes pasado la alcaldía de Moscú, montados en discursos en los que se atribuía buena parte de los males de la ciudad y del país a la presencia de extranjeros y en los que se abogaba por poner freno a la inmigración.

Estas tendencias de opinión en importantes sectores de la sociedad rusa han transitado de la xenofobia al racismo llano, en la medida en que el rechazo no sólo va dirigido contra los ciudadanos de las repúblicas caucásicas que viven en la Federación Rusa, sino también contra los oriundos de esas repúblicas que tras la desintegración de la Unión Soviética optaron por la ciudadanía rusa.

La dureza de la acción policial de ayer contra los extranjeros contrastó con la obsecuencia con que se operó para poner fin a los desmanes del domingo y muestra, en esa medida, la inclinación gubernamental a justificar y prohijar las pulsiones fóbicas de un nacionalismo desbordado y pervertido.

Desde luego, estas expresiones deplorables de xenofobia no se circunscriben a Rusia, sino que siguen fortaleciéndose y expandiéndose en toda Europa. Otra muestra de ellas fue la tragedia ocurrida la semana pasada frente a las costas de Lampedusa, donde más de 300 inmigrantes africanos perdieron la vida cuando se hundió la embarcación en que viajaban; en esa ocasión las prohibiciones legales de dar asistencia a inmigrantes irregulares obstaculizaron severamente los trabajos de rescate de las víctimas.

Otro dato significativo es el hecho de que el gobierno estadunidense, paralizado por los desacuerdos legislativos sobre el presupuesto para el año fiscal que empezó este mes, haya detenido todos los trámites migratorios excepto uno: la deportación de migrantes.

Ciertamente, México no está exento de esas actitudes fóbicas, y el territorio nacional es una tierra de abuso, extorsión, violación y muerte para los migrantes centro y sudamericanos que buscan llegar a Estados Unidos.

Las herencias del colonialismo, los procesos de desintegración de estados multinacionales y las asimetrías económicas y sociales inducidas por la globalización neoliberal provocan en el mundo contemporáneo flujos migratorios que debieran ser vistos como factores de dinamismo económico y enriquecimiento cultural y que con frecuencia son, sin embargo, abordados desde una perspectiva meramente policial y persecutoria, como si migrar fuera un delito y como si los migrantes fueran criminales.

La comunidad internacional debe empezar a adoptar medidas urgentes, efectivas y concretas contra la barbarie que representa la persecución de los millones de individuos que abandonan sus lugares de origen para buscar mejores perspectivas laborales y de vida en otras latitudes. No basta con ayudar a los migrantes; es preciso nombrar a los gobiernos e instancias que los criminalizan y violentan como lo que son: xenófobos y racistas.

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